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Se parecen los perros a sus amos?

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La idea de que los perros se parezcan a sus dueños realmente tiene un mérito: una investigación ha demostrado que las personas tienden a elegir cachorros que comparten sus características físicas, de maneras tanto obvias como sutiles. Por ejemplo, personas con sobrepeso son más propensas a tener perros más gordos, pero incluso algo tan pequeño como la forma de los ojos puede ser un factor. En otras palabras, estamos atraídos por las mascotas que nos recuerdan a nosotros mismos.

Y la apariencia no es lo único que compartimos con nuestros amigos caninos. Científicos de comportamiento animal saben desde hace mucho tiempo que los perros son receptores directos de nuestros actos, pueden sentir cuando las cosas en tu casa son tensas, o cuando los seres humanos son infelices. ¿Por qué pasa esto? Un estudio publicado en la revista PLOS asegura que esa sensibilidad significa que los caninos a menudo asumen elementos de nuestras personalidades, también.

Resultados

El estudio mostró que cuanto más ansioso y neurótico es el propietario, más probable es que el perro comparta esos mismos rasgos. Por otro lado, los perros tranquilos eran más propensos a pertenecer a los propietarios más relajados.

«Los dueños y los perros se influencian el uno al otro con el estrés que afronta,» explicó Iris Schoberl, investigador del comportamiento animal en la universidad de Viena.

Los autores del estudio argumentaron que la mitad humana en el par era probablemente es más influyente que el perro. En otras palabras, somos más propensos a transmitir nuestros propios rasgos a nuestros caninos que a adoptar los suyos.

Los amos se parecen a sus perros

Algunos tienen un andar más bien tranquilo, otros parecen un ‘torbellino’… están los que duermen mucho y los que aman hacer ejercicio. ¿Nos referimos a los perros o a los dueños? ¡A ambos!

Aquellos que poseen una mascota en casa saben que hay muchas costumbres o detalles de la personalidad del animal que parece nos ha copiado.

«Le encanta echarse al sol por las tardes», «es miedosa con los truenos», «se pone algo tímido con los desconocidos» o «no para quieto un segundo». Son afirmaciones que hacemos sobre nuestros perros y que también pueden definirnos a nosotros mismos.

Las personas que convivimos con animales podemos afirmar que es cierta la hipótesis de que se parecen los perros a sus amos. ¡Porque son iguales a nosotros! Nuestros compañeros de cuatro patas pueden ser sedentarios o activos, dormilones o enérgicos, tímidos o atrevidos, glotones o cuidadosos con la comida.

Pero, ¿qué explicación tenemos de todo esto? Una teoría afirma que las personas escogemos a nuestras mascotas por afinidad, de manera instintiva. Por eso, al lado de un dueño nervioso hay un perro inquieto, o al lado de un amo tranquilo hay un can relajado.

Por supuesto que eso no lo sabemos cuando decidimos adoptar a nuestro nuevo mejor amigo, aunque podría decirse que existen ciertas ‘tendencias’ en cuanto a elecciones. Por ejemplo, si somos algo sedentarios y nos encanta el agua, es probable que elijamos un labrador retriever, o que si somos de hacer mucho ejercicio y estamos siempre activos busquemos como compañía a un dálmata o a un jack russell.

Esto mismo sucede cuando elegimos pareja, ya que es más probable que nos atraiga alguien que tenga una personalidad similar a la nuestra o que le gusten las mismas cosas. Quizás por eso se diga que nuestro perro se parece a nosotros en alguna cuestión ‘estética’ o externa: corte o largo del pelo, tamaño del hocico o rostro, etc.

Se parecen los perros a sus amos

Otra teoría afirma que en realidad no es que el dueño elija un perro ‘afín’, sino que el can tiene la capacidad de imitar a quienes le rodean, y de manera más precisa a quien considera su ‘líder’ o alfa.

La adaptación al entorno es muy importante si quiere sobrevivir. Por ello, el perro ‘se parece’ a quien le da de comer y le ofrece refugio. No podemos dejar de lado que los canes consideran ser nuestros iguales, sin separación de especies. Por ello, buscan imitarnos y tomarnos como guía.

¿Qué sucede entonces con los perros que han sido primero criados por una familia y luego por otra? Probablemente tengan la capacidad para cambiar sus hábitos y su personalidad basándose en las características de sus dueños actuales, aunque quizás guarden en su memoria algunos vestigios de su pasado.

Por otra parte, una cuestión fundamental a tener en cuenta son los hábitos de la familia o del dueño en particular. Por ejemplo, si somos muy activos y llevamos a nuestra mascota de paseo todos los días, es probable que aunque su raza sea más sedentaria termine ‘acoplándose’ a las actividades del amo.

Por último, cabe destacar que los perros no son los únicos animales capaces de emular las actitudes humanas. Los delfines, las ballenas y los simios parecen acoplarse a las personas, pero eso no sucede, por ejemplo, con los gatos, pese a compartir techo con nosotros.

Es un hecho

De hecho, existen similitudes inesperadas entre la forma en la que escogemos a nuestra pareja y a nuestro perro.

Michael Roy, de la Universidad de California en San Diego (Estados Unidos), fue de los primeros psicólogos en investigar sobre esta idea.

Acudió a tres parques caninos cercanos, fotografió a los perros y sus dueños por separado, y después pidió a un grupo de voluntarios que los emparejaran.

Pronto se dio cuenta que, sin aportar más pistas, eran capaces de decir con bastante precisión quién vivía con quién.

Así que volvió a hacer la prueba, y el resultado fue similar.

Y en otros estudios que llevó a cabo a partir de entonces, las conclusiones fueron parecidas.

Es cierto que la mayoría de las veces eran las mujeres de pelo largo las propietarias de los perros con orejas grandes, y que los hombres más voluminosos preferían perros grandes.

Y en otras ocasiones el parecido era más sutil, y tenía que ver con la forma de los ojos.

De hecho, cuando el doctor Roy tapaba en las fotografías los ojos de los dueños y los perros, a los participantes les costaba más acertar con las parejas.

Quizá todo esto tenga que ver con lo cómodos que nos sentimos con aquello que, por una razón u otra, nos es familiar.

Así, puede que nos sea más fácil aceptar en casa a un perro cuyos rasgos encajen con los de nuestra familia.

¿De tal perro, tal pareja (y tal auto)?

Algunos psicólogos incluso creen que esto es una derivación de la manera en la que buscamos a la pareja.

Existe la teoría de que al juntarnos con alguien que se parece a nosotros aseguramos que nuestros genes son compatibles.

Y según algunos expertos, con esa misma lógica preferiríamos cualquier cosa que nos recuerde a nosotros mismos.

Así, elegiríamos nuestro coche en base a ese mismo criterio: alguien con una mandíbula prominente tendería a comprar, por ejemplo, un jeep.

Y cerrando el círculo: nuestro auto terminaría pareciéndose a nuestro perro.

De acuerdo a esta teoría, no solo solemos buscar aquello que sea similar a nosotros en apariencia.

También tendemos a juntarnos con aquella gente que tiene una personalidad parecida a la nuestra.

Hace un par de años Borbala Turcsan, de la Universidad de Eotvos en Budapest, Hungría, decidió investigar si esto se aplicaba también a la hora de escoger mascota.

"La relación con un perro es muy especial", dice la experta.

"No solo son mascotas, sino miembros de la familia, un amigo, un compañero", explica.

"Así que pensamos que podría existir un paralelo entre la forma en la que los escogemos y la manera en la que elegimos pareja".

Sí tienen personalidad

La mera idea de la personalidad canina puede generar muchas dudas.

Pero experimentos anteriores demostraron que algunos rasgos de personalidad de los humanos tienen su par en los perros.

Por ejemplo, el par de una persona introvertida sería un perro que difícilmente se aleja de las piernas de su dueño.

Así, Turcsan descubrió que los perros y sus dueños solían compartir algunos rasgos del carácter.

"El parecido era incluso mayor del que encontramos entre matrimonios y amigos", remarca.

Sin embargo vieron que la correlación no se explicaba por el tiempo que el dueño y el animal llevaban viviendo juntos.

No parecía que las mascotas hubieran aprendido de sus propietarios y los imitaran.

De hecho, la personalidad parecía inherente al perro.

Por lo tanto, la idea de que elegimos a nuestra mascota para que sea compatible con nosotros no le pareció descabellada a la experta.

Y es que hay relaciones dueño-perro que duran tanto como los matrimonios.

Todo esto nos remonta al tiempo en el que nació esta relación entre los humanos y los que hoy se consideran sus mejores amigos.

Los humanos empezaron a domesticar perros hace unos 30.000 años para que les ayudaran a cazar.

Pero poco a poco los fueron criando a su semejanza.

Y el resultado son unos intensos lazos emocionales que superan las fronteras naturales entre nuestras especies.

Hoy nuestros perros se parecen a nosotros, actúan como nosotros y, a diferencia de otras personas, siempre nos corresponden con sus sentimientos.

En muchas formas, son el mejor reflejo de nuestra propia naturaleza.

Seguro que alguna vez has conocido en el parque a un humano y su perro con similares patrones, o incluso os pase a ti y a tu peludo. Pero, ¿sabías que existe un explicación científica de por qué los perros se parecen a sus dueños?

Algunos humanos parecen realmente hermanos de sus mascotas peludas y viceversa. No solo en atributos físicos, sino muchas veces en aspectos de la personalidad.

¿Has probado alguna vez a compararte con tu perrete? Seguro que si te fijas, encontrarás más rasgos similares de los que te imaginas.

TU PERSONALIDAD Y LA DE TU PERRO SE ALINEAN

Mucha gente se piensa que cuando los perros se parecen a sus dueños se trata de una casualidad meramente arbitraria. Pero están muy equivocados.

Y es que científicos y psicólogos han realizado diferentes estudios para determinar hasta qué punto existe una explicación a esto. Uno de ellos, realizado por el japonés Sadahiko Nakajima, aseguraba que todo giraba en torno a una cosa llamada “efecto de la mera exposición”.

Según este principio, no es que los perros se parezcan a sus dueños desde el principio, sino que ambos adoptan aspectos y características del otro. Es decir, que cuanto más tiempo pasas junto a tu peludo , más cosas copiáis el uno del otro.

Y es que especialmente los perretes captan perfectamente nuestras emociones sin necesidad de comunicarse. Si tú te pones nervioso, él también lo hará. A largo plazo eso se traduce en un humano con tendencias nerviosas junto a un peludo igual.

EL PARECIDO FÍSICO PERRO-HUMANO

Michael Roy, de la Universidad de California en San Diego, hizo otro estudio paralelo. Acudió a distintos parques caninos y fotografió a humanos y a sus perros. Luego, pidió a unos voluntarios aleatorios que consiguieran emparejar quién vivía con quién.

La mayoría de ellos acertaron, basándose en las similitudes entre ambos: hombre musculoso con pitbull, mujer con orejas grandes con perro de orejas grandes, etc. Efectivamente, los voluntarios vieron que los perros se parecen a sus dueños.

Estudió el experimento y llegó a una clara conclusión. Según él, podríamos elegir a nuestro perrete de la misma forma en que elegimos a nuestra pareja. Y es que nosotros de forma instintiva escogemos a quienes se parecen a nosotros para garantizar que existirá compatibilidad genética.

La cuestión es que esta teoría no solo sirve para parejas, sino para amigos, compañeros de trabajo, mascotas e incluso coches. Tendemos a juntarnos con aquello que se parece a nosotros porque nos transmite familiaridad. Curioso, ¿verdad?

¿Y EN TU CASO?

Así pues, es muy interesante probar el ejercicio con tu propio perrete. Fíjate en sus detalles, su forma de actuar, los estímulos a los que responde, etc. Esto será muy beneficioso ya que podrás averiguar muchas cosas sobre ti mismo en las que quizás nunca habías reparado. Y es que, por mucho que le adiestres para que sea un perro sosegado, si tú eres una persona intranquila jamás verás mejoras. ¡Transmítele tranquilidad a tu perrete!

Video: Por qué SE PARECEN los PERROS a sus DUEÑOS? - Draw My Life (Diciembre 2021).

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